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La orquesta toca una bonita y clásica obertura. Entra en el escenario un andamio ruidoso, cubierto de una red de cables y trozos de planos y dibujos con motivos botánicos/orgánicos pero desconocidos para sus protagonistas.

Escuchamos sonidos y vislumbramos un mago trabajando con sus ordenadores y teclados desde el interior del andamio-caja mágica. Por encima de la estructura posa como un maniquí de porcelana una joven y dulce pastora. En sus manos tiene un teléfono móvil y un mando a distancia.

El mago hablando desde sus satélites-pantallas nos explica que su vecina Bastiana se siente sola y deprimida porque su Bastián la ha abandonado, pero que él mismo la intentará ayudar, también lo hará con el joven. Debido al estado en el que se encuentra, tan exaltada y enamorada, la joven canta en italiano, el idioma del amor, y que el, desde luego debe responderle en la misma lengua.